Higini Moré

Cuestionando mi cosmovisión

Índice de Contenidos

Actualmente, formo parte de Founderz, una startup comprometida con la revolución de la educación. Estamos proponiendo un modelo educativo descentralizado, centrado en el estudiante y alimentado por la comunidad, que utilice tecnologías disruptivas como blockchain e inteligencia artificial y que fomente el pensamiento crítico.

Las Universidades han perdido el propósito

En el libro «Excelencia sin alma» explica Harry Lewis, un ex decano de la Universidad de Harvard, que las universidades se han olvidado del objetivo nuclear de la universidad: «ayudar a los estudiantes a comprender quiénes son, a encontrar un propósito y a dejar la universidad como mejores seres humanos».

Lo mismo señala Anthony Kronman en «El fin de la educación«, donde indica que la universidad no es solo un lugar para transmitir conocimiento, sino un espacio de exploración y reflexión sobre la vida.

Lo que se fabrica en la universidad es humanidad. Lo que las universidades están obligadas a hacer es ayudar a hacer seres humanos completos, no solo crear trabajadores entrenados o ciudadanos con muchos conocimientos. Bajo el concepto de universidad, está la idea de que el buen trabajo y la buena convivencia son un producto inevitable de la creación de seres humanos completamente desarrollados.

Wendell Berry

Estas observaciones también se pueden extender a la escuela primaria y secundaria, especialmente en lo que se refiere a la comprensión de uno mismo. Estudiamos a personajes ilustres, sus historias, sus obras, pero apenas se invierte tiempo en conocernos a nosotros mismos. De adulto, me doy cuenta de lo afortunado que fui por encajar dentro del sistema escolar y que su vara de medir no me perjudicara en exceso. Sin embargo, también ahora me reencuentro con gustos e intereses que me fueron podados porque no encajaban. También me voy dando cuenta de que muchas de mis formas de hacer las cosas son poco ortodoxas y que la forma en la que me enseñaban en la escuela y en la universidad no es la que me funciona mejor para aprender ni para mantener el interés. Todos nos desenvolvemos mejor de unas formas que de otras y para funcionar de manera óptima, necesitamos ir descubriendo cuáles son.

La Gran Renuncia

Ojalá fuera tan fácil descubrir cuáles son nuestras peculiaridades. En mi caso, por ejemplo, la autoobservación es una habilidad que empecé a desarrollar hace pocos años. Tomar consciencia sobre nosotros mismos para gestionarnos mejor a nivel físico, mental y espiritual con el objetivo de vivir una vida coherente entre lo que pensamos, hacemos y decimos, es, en mi opinión, algo fundamental que debería ser la base sobre la cual desarrollar cualquier actividad en nuestra vida.

Considero que el autoconocimiento escasea, pues al fin y al cabo, conocerse mejor también es construir una brújula personal que nos da la dirección de hacia dónde dirigir nuestra vida. Cuando no disponemos de este instrumento de orientación, tenemos uno que nos guía de forma superficial o – incluso peor – utilizamos uno que nos han impuesto. Tarde o temprano, nos tocará confrontar la realidad y cuestionar el statu quo de nuestra vida.

Las primeras consecuencias de un escaso trabajo en el desarrollo de las habilidades relacionadas con el conocimiento de uno mismo ya están aquí: según el informe que publicó Microsoft acerca de las tendencias en el trabajo de 2021, el 41 % de las personas que se encontraban empleadas consideraba dejar su trabajo en 2022.

El psicólogo Anthony Klotz acuñó el término «La Gran Renuncia» para referirse a este fenómeno, situándolo al nivel de otros momentos importantes de la historia como «La Gran Depresión».

Estamos hablando de que si estás al frente de una empresa, casi la mitad de tus empleados se están planteando renunciar. Elevando el nivel de consciencia de sus vidas, muchas personas se están dando cuenta del vacío existencial en el que vivían y están empezando a querer dejar de vivir para trabajar y empezar a trabajar para vivir.

En los últimos siglos, un ciclo de retroalimentación que se ha ido repitiendo constantemente bajo el manto del capitalismo ha sido el de maximizar el rendimiento, siempre orientados a la máxima producción en entornos cada vez más complejos. Este paradigma se ha observado en el entorno empresarial, a nivel personal y en el mundo educativo. El “más es mejor” ha conquistado la vida de muchas generaciones pasadas y todavía sigue muy vigente hoy en día. Este mantra probablemente sea el causante de la ambición desmedida en muchas personas y empresas que a su vez provocan convivencias complicadas y consecuencias nefastas para el medioambiente.

Mi Renuncia

En 2019 tuve la oportunidad de mudarme de España al Perú para abrir la oficina de Ideafoster, una consultora de innovación. Previamente, había trabajado casi 5 años en Accenture. Al llegar al Perú me enfrenté a un choque cultural importante, lo que me provocó cierta frustración al principio. Tuve dificultades para asimilar ciertos hábitos laborales, como empezar reuniones tarde, cancelarlas minutos antes o directamente no presentarse. También me encontré con actitudes clasistas y prepotentes en algunas posiciones. En lugar de tener compañeros, parecía que tenían súbditos. Incluso yo, como proveedor, llegué a sentirme violentado por ello.

El punto que quiero destacar aquí es que, a pesar de todos estos ejemplos – que a mí me parecían inaceptables – las empresas funcionaban, la vida seguía. Además, también trabajé con personas muy entusiastas y competentes que no perdían la energía, obviamente también se frustraban, pero parecían gestionarlo mejor que yo. «Así funciona» me dijeron más de una vez con una sonrisa dibujada en la cara. Entendían las reglas del juego, yo pretendía usar otras. De repente, gran parte de los hábitos «muy profesionales» aprendidos en Accenture parecían no servirme en mi nuevo país, y me preguntaba hasta qué punto eran importantes para lograr que las cosas pasaran.

Además, casi todos mis amigos en el Perú eran emprendedores, tenían sus propias empresas o sus proyectos secundarios. Entendían que no era una opción muy viable depender de una empresa o de un estado y esperar a que todo vaya bien. Me sentí muy identificado con esa mentalidad y empecé a cuestionarme muchas cosas: estilo de vida, exigencias, ideas del mundo académico y familiar que formaban parte de mi programación mental.

Renuncié a un empleo estable en una gran empresa para parar, pensar y enfocar mi vida en aquellas cosas que me apasionan y me llenan. Como es lógico, no todo el mundo entiende ni comparte esta decisión, pero por lo menos hoy me voy a dormir pensando que me dedico a trabajar en cosas que me gustan y me interesan. Además, los frutos del esfuerzo no son instantáneos, llevo años plantando y donde estoy ahora es fruto de todas las horas de ocio que no tuve. Lo que hacía unos años en mi tiempo libre, me ha brindado la oportunidad de dirigir el Máster de Blockchain y Negocio de Founderz cocreado con Binance, y a día de hoy sigo sembrando, porque sé que tarde o temprano algo deseado ocurrirá.

De hecho, una idea similar es explicada en el libro “The Atomic Habits”, donde el autor habla del Valley of Disappointment. Este concepto explica que las cosas no siempre suceden como uno planea, ni de la noche a la mañana, pero la clave siempre es la perseverancia. Nuestra situación actual es un indicador retardado de qué tan bien lo hemos estado haciendo en el pasado. El tema es que podríamos pensar que nos ha fallado algo si no estamos en una situación deseada. No obstante, generalmente abandonamos el proceso antes de tiempo para que los puntos se conecten.

El valle de la decepción

¡Y es que hay que darle tiempo a la vida y confiar que nos llevará por el buen camino! Con 16 años tuve que hacer un trabajo sobre alguien famoso y decidí hacerlo de Steve Jobs. En mi búsqueda tuve la inevitable suerte de encontrarme con el discurso que dio en Stanford, haciendo un gran clic en mí. Si nunca lo has visto, te lo recomiendo encarecidamente. Solo son 15 minutos.

“No puedes conectar los puntos mirando hacia delante; únicamente puedes conectarlos mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna manera en tu futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Creyendo que los puntos se conectarán, te dará la confianza de creer incluso cuando te lleven fuera del camino conocido y eso hará la diferencia.”

Steve Jobs

Autoconocimiento

El conocimiento siempre me ha atraído, sobre todo el sentimiento de encontrar respuestas (soy de los que se hace spoiler, sí). Cuando tenía unos 13-14 años recuerdo que me regalaron un libro sobre los más grandes misterios de la historia (la Atlántida, el Cáliz Sagrado, etc.) y empecé a leerlo con ahínco porque iba a conocer las respuestas a unos enigmas que nadie había resuelto. Ingenuo de mí que pensé que las iba a encontrar en el libro, fue muy decepcionante darme cuenta de que eran misterios precisamente por algo.

La curiosidad nunca la perdí y me ha acompañado a lo largo de mi vida. De una forma u otra siempre la he manifestado. También para el conocimiento de uno mismo.

Me atraen mucho las disertaciones y soy dado a las pajas mentales sobre las grandes preguntas:

  • ¿Cuál es el sentido de la vida?
  • ¿Por qué estoy aquí?
  • ¿Cómo ser feliz?

Aunque he de reconocer que durante mi etapa trabajando en la gran consultora, mi mapa se redujo considerablemente. Visto con perspectiva, vivía en una burbuja donde las preguntas eran:

  • ¿Qué sentido tiene mi rol en el proyecto?
  • ¿Por qué nos ha contratado el cliente?
  • ¿Cómo puedo hacer mi mayor contribución en la empresa?

De lunes a viernes vivía en este bucle, los fines de semana buscaba en el ocio desconectar. Así, semana tras semana, año tras año. Poco a poco progresando y feliz por mis logros, pero ¿era un enfoque correcto?

¿Estaba yo en el centro de mi vida y mi trabajo era otra área más, o era mi empleador el núcleo de toda mi vida y yo un fiel sirviente? ¿Realmente me interesaba lo que hacía?, o ¿simplemente encajaba con unas creencias que habían sido condicionadas por mi entorno? ¿Por qué no me voy al pueblo y me dedico a hacer quesos? ¿Sería más feliz?

Durante años viví sin realmente cuestionarme nada de esto, sin introspección, configurando toda mi vida en torno al trabajo.

He de decir que no cambiaría por nada mi tiempo en la gran consultora, pues despertó en mí unas aptitudes y formas de hacer las cosas que luzco con orgullo, a pesar de los momentos difíciles, no los considero como malos recuerdos sino como historias de éxito. He de reconocer que a veces lo hecho de menos.

Sin embargo, sentía que necesitaba un cambio en mi vida. Siempre había querido vivir en otro país y la oportunidad de mudarme al Perú se me cruzó como una simpática casualidad. Estaba en modo «vida sana» y decidí usar las escaleras para quemar más calorías. Me encontré con Pau después de mucho tiempo, le pregunté si no necesitaban a nadie para ir al Perú, me dijo que sí y dicho y hecho ahí mismo. Mi vida estaba a punto de dar un triple salto mortal.

Mi estancia en el país de la pacha mama fue una gran experiencia vital, de mucha confrontación debido a ciertas experiencias laborales, a los contrastes sociales, a la compañía y al tiempo que tuve para estar conmigo mismo.

Reconecté con mi esencia y me perdí en ella. Soy una persona muy mental que necesita acumular conocimientos, disfruto de la soledad y no me nace la necesidad de socializar, aunque sé que me sienta bien.

Devoré cursos y libros como nunca, solo quería saber más y más hasta que llegué a un punto en el que dije ¡basta! Me había instalado en el plano mental, apenas hacía otras actividades y me sentía vacío. Así que decidí cambiar de ámbito de estudio y me sumergí en el autoconocimiento.

Encontré una herramienta que me impresionó: el eneagrama. Descubrí que soy un 5 ¡y es cierto! Leí mucho a Enrique Rojas, me familiaricé con Carl Jung y las sombras, hice el curso en línea de ingeniería interna de Sadhguru, tuve experiencias corporales y estados alterados de consciencia que nunca había sentido gracias a la meditación, a las respiraciones y a los ritos ancestrales. En definitiva, empecé un viaje hacia dentro que sigo recorriendo y que me está ayudando a vivir agradeciendo cada momento y basándome en mis valores.

El crecimiento personal ha generado algunos conflictos con mi entorno, que tiene otra visión del mundo.

Sin embargo, entiendo que cuando dos personas tienen perspectivas distintas, se debe a que su sistema de creencias se rige por otros valores. Comprender esto me evita mucha frustración y solo queda aceptarlo.

El impacto que el autoconocimiento ha tenido en mi vida junto con mi obsesión por documentar y sistematizar me ha llevado a crear el Digital Sapiens OS, un sistema operativo personal para ayudar a las personas a vivir con eficacia y coherencia utilizando técnicas del mundo empresarial y del crecimiento personal. El sistema está especialmente diseñado para consultores, investigadores, emprendedores y creadores de contenido. Todo ello sobre Notion, una herramienta impresionante de no-code con muchas posibilidades organizativas.

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otros Artículos...